Patrimonio urbano
Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá
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Descripción
Titulo:
Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá
Fecha:
1991
Lugar:
Madrid
Descripcion:
C/ Alcalá, 75
Distrito: Salamanca
Colocada en el año 1991
Editor: Ayuntamiento de Madrid
Tipo:
Placa conmemorativa
Signatura:
s/sig

Comentario
En este lugar se alzó desde 1749 a 1874 la PLAZA DE TOROS DE LA PUERTA DE ALCALÁ, lugar de inspiración para Francisco de Goya.

La enorme tradición taurina de la ciudad de Madrid desde tiempos remotos que se apoyó en toda clase de crónicas de propios y visitantes pasa por el toro que lanceó en la Villa el Cid Campeador o la inmensa lista de los festejos reales de exuberante ornato en la Plaza Mayor, donde los toros fueron esenciales a los cientos y cientos de festejos y recibimientos de la Capital del Imperio. Muchos escenarios más llenaron plazas provisionales de madera hasta que Fernando VI decidió aprobar una providencia “dirigida al mayor beneficio de los Hospitales Generales de Madrid”, que fue la de mandar que en el campo inmediato a la Puerta de Alcalá se erigiese la fábrica de una plaza , “en que sin contingencia de riesgos se tuviesen las fiestas de toros que fueren de mi dignidad permitir para el recreo del público, cuyo producto libre sirviese para aumento de rentas y dotación de los mismos hospitales …(Generales y de la Pasión)”.

La plaza se atribuía a Ventura Rodríguez y Moradillo pero las investigaciones de López Izquierdo parecen evidenciar que fue obra de Juan Bautista Saquete, que firmó sus planos en 1749 según documentos del Archivo de la Villa.

Tenía una capacidad para doce mil espectadores, con ciento diez palcos. Su inauguración fue el 3 de Julio de 1749. Duró hasta el 17 de agosto de 1874, y se celebraron en ella más de 2.500 corridas. A veces, dividiendo el coso se celebraban dos corridas a la vez y se usaban en la faena perros de presa.

Ahí fueron las mañanas y las tardes de gloria para Cúchares, para Lagartijo o Frascuelo. Ahí dejó para siempre Goya, con la pasión sublime de su pincel la muerte de su amigo Pepe Hillo, atravesado por el toro de tan desgarrada manera que le paseaba pinchado en su terrible cuerno. La plaza murió en pos del nuevo barrio burgués de Salamanca, y se trasladó a otra desaparecida en la Plaza de Felipe II.

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