Encontrado en las excavaciones de la Villa romana de Villaverde de 1928-1930, se trata de un cuenco de terra sigillata hispánica forma 37 decorada con un friso de metopas con motivos vegetales y animales y separadas por series verticales de líneas onduladas y espigas. Se consigue averiguar su datación ya que el estilo de metopas desaparece antes de la 1 ´ mitad del S. I. d.C.
Constituye la pieza del mes de febrero de 2019 del Museo de San Isidro, lo que da pie a esta institución a hablar de las costumbres culinarias de la cultura romana con el apoyo de la vajilla y otros elementos empleados en los banquetes que se muestran en sus vitrinas.
Entre las actividades diseñadas en torno a estas piezas figura la conferencia "¡Todos a la mesa! Qué, cómo y dónde comían los romanos" donde se abordarán las costumbres culinarias de la cultura romana. Los testimonios literarios que han llegado a nuestros días evidencian su papel esencial en esta cultura. Podemos conocer que la cocina romana era potente de sabores y poco apta para estómagos delicados. Esta cocina se caracterizó, en un primer momento, por su sobriedad y monotonía pero a partir de la época imperial nos encontramos con la gran cocina romana, más artificiosa y refinada.